Fiesta del Pomelo
Laguna Blanca, Formosa

Todas las ediciones abren igual, y ese rito es lo primero que distingue a la fiesta. Sube al escenario el ballet municipal de Laguna Blanca —más de cien integrantes de todas las edades— y suenan tres temas que se repiten año tras año; uno de ellos, «Vengan formoseños», compuesto por Marco Antonio Benítez en los años ochenta, tiene una letra que invita a volver a los formoseños que viven fuera de la provincia. Una fiesta de pueblo que arranca cada septiembre llamando a los que se fueron.
El otro rasgo propio es estructural: este festejo se dio vuelta entero por una decisión de gobierno. Nació como festival folclórico de una cooperadora escolar y hoy es una exposición provincial de agricultura, industria, comercio y servicios desplegada sobre quince hectáreas acondicionadas del predio ferial del Polideportivo Municipal Evita, sobre la ruta nacional 86, a unos ciento cuarenta kilómetros de la capital provincial.
El foco es el pomelo como producción citrícola del nordeste formoseño y, por extensión, la producción provincial entera. Formosa es una de las principales productoras argentinas de pomelo blanco, con variedades Duncan y Marsh sobre alrededor de mil hectáreas; la fruta de la zona se destaca por su tenor de azúcar y llega al mercado nacional unos cuarenta y cinco días antes que la de las provincias del noroeste, lo que le da ventaja de precio. Se cosecha con cáscara todavía verde y se desverdiza en galpón de empaque antes de salir, y de ella derivan jugos concentrados, dulces, conservas y licores artesanales.
Son dos jornadas de entrada libre y gratuita —fueron tres en ediciones anteriores— con una estructura estable. El corazón es la expo feria gastronómica, artesanal, institucional y comercial, con cientos de expositores entre pequeños y medianos productores, emprendimientos agrícolas, ganaderos e industriales, frutihorticultura, granja, oferta tecnológica, turismo y servicios, más el espacio de los productores del programa provincial de pequeños agricultores y el mercado comunitario de emprendedores. En las siestas se corre la doma y jineteada, que es el gran atractivo del último día y convoca jinetes de alto rango; por la noche funciona el escenario mayor con artistas locales, nacionales e internacionales. Completan el programa la elección de la embajadora de la fiesta, con candidatas del interior provincial, una muestra con juegos recreativos y didácticos para chicos y competencias deportivas de vóley, ajedrez y asado.
El origen está en 1972, cuando una comisión integrada por miembros de la cooperadora de la Escuela de Frontera N° 6 organizó el primer festival, entonces de rango provincial, en el patio de la propia escuela y en abril. Las primeras ediciones duraban una semana. La celebración no se sostuvo de manera continua, y fue migrando de mes: estuvo en junio, en julio y finalmente en septiembre, con alguna edición corrida a octubre. El cambio de naturaleza tiene fecha: en 2004 la fiesta se trasladó al predio del polideportivo por decisión del gobierno provincial y se convirtió en la megaexposición que es hoy. El carácter nacional se formalizó en 2013, mediante una resolución del Ministerio de Turismo de la Nación.
Dos días de septiembre concentran en un pueblo del interior lo que el resto del año está repartido en chacras, galpones de empaque y talleres.
