Fiesta del Inmigrante
Oberá, Misiones

En el Parque de las Naciones de Oberá no hay escenografía que se monte y se desarme cada temporada: hay quince casas construidas y sostenidas por las propias colectividades, una por comunidad, más el Pabellón Argentino como anfitrión. El predio ocupa unas diez hectáreas, abre todos los días del año y fue declarado Lugar Histórico Nacional por la Ley 27.595, una norma que llega al detalle de enumerar las parcelas una por una. Esa permanencia es lo que separa a esta celebración de cualquier otro encuentro de colectividades: el barrio de naciones existe antes y después de la fiesta.
Lo que se honra es la inmigración europea y asiática que colonizó el centro misionero entre 1890 y 1930, la que abrió el monte, trazó los caminos y fundó las colonias, entre ellas Yerbal Viejo, el poblado que más tarde se llamó Oberá. El calendario no se apoya en el aniversario de la ciudad sino en el Día del Inmigrante, el 4 de septiembre, y de ahí sale el mes.
El encuentro se extiende a lo largo de once días. Abre con un desfile que atraviesa el centro y entra al predio, encabezado por la colectividad de la soberana saliente, y con el acto oficial en el escenario mayor, bautizado Norguss Jacob. Después el centro de gravedad son las casas: cada una ofrece la cocina de su país, su ballet y su lugar de reunión, y a su alrededor trabajan más de dos mil personas, buena parte de ellas voluntarias. Los conjuntos locales —checo, árabe, polaco, nórdico, ucraniano, paraguayo, portugués, alemán, brasileño— suman más de tres mil bailarines que ensayan durante meses, y se les agregan delegaciones invitadas de otras provincias y de Brasil y Paraguay. Completan el programa la feria comercial y artesanal, el Museo y Archivo Histórico Municipal abierto dentro del parque, una grilla de artistas nacionales por noche y medidas concretas de accesibilidad: hora amigable, cartas en braille y personal formado en lengua de señas.
La corona funciona como un sistema de dos pisos. Cada comunidad elige primero su propia representante con criterios que fija ella misma —algunas piden ascendencia comprobable, otras valoran el idioma sin hacerlo excluyente—, y recién entonces las elegidas compiten por el título mayor ante jurados que las entrevistan y evalúan cuánto saben de la colectividad que llevan. No se define por aplauso ni por votación del público. Ese régimen no fue siempre así: hasta mediados de los años ochenta las candidatas representaban municipios, y desde 1986 representan colectividades.
La primera edición se hizo el 4 de septiembre de 1980, impulsada por el intendente interventor Norguss Jacob y organizada por una comisión que presidió Teófilo Ángel García. Se celebró en la cancha del complejo polideportivo municipal Ian Barney y reunió unas cinco mil personas; ese mismo año un decreto provincial fijó a la ciudad como sede permanente del festejo. En 1984 se aprobó el proyecto del parque sobre un terreno cedido por la municipalidad, en 1985 nació el desfile y en 1989 la feria comercial. El salto nacional llegó en 1992, con un decreto del Poder Ejecutivo que instituyó a Oberá como sede permanente, y quedó consolidado en 2004 por la Ley 25.931; diez años después, la Ley 27.060 declaró a la ciudad Capital Nacional del Inmigrante. La mudanza definitiva al predio ocurrió en 1997, tras diecisiete años en el polideportivo, y coincidió con la conformación de la Federación de Colectividades, que organiza el encuentro desde entonces.
Para Oberá esto es la cita del año: moviliza hotelería, gastronomía y comercio y atrae visitantes de varias provincias y de los países vecinos. Y tiene una cara que no se ve desde la platea: los cocineros, las modistas, los técnicos y el personal de feria que sostienen todo sin subirse nunca al escenario. Ese escenario, el mayor del parque, lleva el nombre del intendente que empujó la primera edición: el círculo se cierra solo.
