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Fiesta de la Cosechadora

San Vicente, Santa Fe

Fiesta de la Cosechadora, San Vicente (Santa Fe)

San Vicente celebra cada septiembre una industria que ya no tiene. El pueblo del departamento Castellanos se hizo conocido porque ahí se fabricaron cosechadoras durante casi un siglo, pero la fábrica que le dio el apodo cerró en 1987 y de las cuatro firmas locales sólo una tiene continuidad. El título quedó como patrimonio simbólico y la muestra, mientras tanto, se reconvirtió en una feria agroindustrial y comercial amplia, con el detalle curioso de que su corazón competitivo hoy no es la máquina sino el ganado lechero: la jura nacional de la raza holando y el gran remate de la cooperativa de la zona son los dos números con numeración propia.

El foco es, de todos modos, la metalmecánica de la cosecha y la identidad fierrera del interior productivo santafesino. No se homenajea un cultivo: se homenajea el fierro, el galpón y el oficio de armar máquinas para el campo ajeno.

Son tres días, de viernes a domingo, en el predio de veinte hectáreas del Club Atlético Brown, que organiza y a la vez es el beneficiario. El eje es la exposición estática y dinámica de maquinaria agrícola, insumos y automóviles, con más de doscientos expositores, una dinámica a campo, una plaza del automotor, espacio para emprendedores, feria de artesanos, paseo de comidas, salón comercial, charlas y sectores para chicos. El viernes abre con entrada gratuita para las escuelas de la ciudad y los jubilados; el sábado a la tarde se elige y corona a la embajadora de la fiesta, con candidatas que representan localidades de la zona; el domingo se concentran el remate de ganadería y el cierre. La venta anticipada se empuja con sorteos de gran porte, y la asistencia se cuenta por decenas de miles de personas.

La primera muestra fue en septiembre de 1960, impulsada por Rogelio Boffelli —uno de los fabricantes locales— junto al Club Brown y a las escuelas de la zona, y la visitó el entonces presidente Arturo Frondizi. Llegó a ser la exposición más importante del interior del país y los sanvicentinos todavía la recuerdan como «La Histórica». Después vino un paréntesis de unas tres décadas antes del relanzamiento.

La historia industrial que sostiene el nombre arranca en 1890, cuando Pedro Senor abrió una herrería a la que después se sumaron sus hermanos Juan y Emilio. En 1919 uno de ellos reformó una máquina importada que no andaba en suelo pampeano; en 1920 salió la primera cosechadora propia, con motor a kerosene y tiro de caballos, y al año siguiente quedó instalada la planta que en el pueblo se recuerda como la primera de cosechadoras de arrastre de Sudamérica. La producción en serie empezó en 1925, el mejor año fue 1964 con trescientos empleados y seiscientas unidades, y hubo exportaciones a Chile, Perú, Paraguay, Bolivia y Venezuela. A esa firma se sumaron Bernardín —fundada en 1925 y la única con continuidad hasta hoy—, Boffelli y Flamini. El país llegó a tener cincuenta y cinco marcas nacionales de cosechadoras; hoy quedan dos.

Para San Vicente la muestra es, en términos concretos, la principal fuente de financiamiento de su club: junto con el bingo anual reúne alrededor de cien mil personas y ocupa a la institución durante todo el año, que después agradece con una cena a colaboradores y empresas. El gobierno provincial la usa como vidriera exportadora y suma espacios gratuitos para pymes santafesinas que buscan compradores de maquinaria en el exterior. El contraste es el que da sentido al conjunto: una localidad pequeña que perdió sus fábricas y conservó el prestigio, y que cada septiembre vuelve a llenar un predio con las máquinas que otros fabrican ahora.

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