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Fiestas Argentinas
Festival

Salamanca

La Banda, Santiago del Estero

Salamanca, La Banda (Santiago del Estero)

El Festival de la Salamanca escenifica literalmente el pacto con el diablo. Cada noche se encendía un cartel con las letras del nombre relleno de estopa, para imitar el fuego salamanquero que, según la creencia, delata la boca de la cueva. Y el primer escenario no era una estructura: era un lienzo pintado con la cueva y sus criaturas, obra de Lito Garay, con la escenografía trabajada por Carlos Carabajal. El festival no toma la leyenda como un nombre bonito: la monta.

Lo que celebra es la Salamanca del imaginario santiagueño: la cueva escondida en el monte donde se pacta con el Supay para conseguir destreza con la guitarra, suerte en el juego o en el amor, o habilidad con el cuchillo. El relato viene de lejos: de la cueva de Salamanca peninsular, de la leyenda del Marqués de Villena y del entremés de Cervantes, y cruzó a América con la colonización para echar raíces en el monte santiagueño.

Son cuatro jornadas, de jueves a domingo, con cerca de noventa actuaciones y transmisión por televisión pública. El formato original era de tres noches con dos o tres figuras nacionales por jornada. Alrededor del escenario funcionan decenas de puestos de comida y bebida, una zona de food trucks y una carpa de artesanos con trabajos en macramé, crochet, curtiembre, madera, mates, resina, semillas y frutos, con artesanos de La Banda, del interior santiagueño y de Chaco, Tucumán y Córdoba. En la grilla tienen lugar propio los ballets y las escuelas de danza de la ciudad.

La idea es de 1991 y la primera edición se hizo en 1992, impulsada por Eduardo "Chaca" Carabajal, que entonces presidía el Club Atlético Sarmiento y era director de Deportes de la ciudad. Nació como un evento comunitario y solidario, con lugar para los artistas locales y la música santiagueña: las instituciones, los centros vecinales y los clubes del pueblo armaban sus propios puestos y recaudaban con ellos —uno vendía pescado de río, otro lo atendían los bomberos—, los quinchos eran de paja y caña, y la recaudación volvía a esas mismas instituciones de La Banda. Dos detalles de aquel arranque explican cosas que siguen hasta hoy. La primera edición estaba prevista para enero y se corrió a febrero por las tormentas, y ahí quedó el mes. Y el escenario se llama Jacinto Piedra desde esa misma noche, en homenaje al músico que había muerto poco antes en un accidente: su imagen, sostenida por globos, quedó enganchada en un árbol del club, y de ahí salió la frase que el público repitió, que Jacinto no se quería ir.

Se hace en el campo del Club Atlético Sarmiento, en La Banda —no en un anfiteatro, sino en la cancha—, con un paso por otro club de la ciudad durante algunos años a comienzos de los dos mil.

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