Fiesta del Tremn Tahuen
Cutral Co, Neuquén

El Tremn Tahuen se llama encuentro y no festival por una razón expresa: no es competitivo. No tiene concurso, no reparte premios y no tiene jurado. No se hace con fin competitivo sino para mostrar los valores locales y regionales y para compartir un espacio de canto y de intercambio entre músicos de la Patagonia. En el escenario se presentan solistas, conjuntos y bailarines, y nadie puntúa.
Lo curioso es que, sin ser un certamen, tiene una red de instancias previas en otras localidades. Se hacen pre-festivales en pueblos de Neuquén y de Río Negro para seleccionar a los músicos regionales que van a subir al escenario central: a lo largo de los años pasaron por Aluminé, Junín de los Andes, Villa Regina, Mariano Moreno y Fernández Oro. No es una eliminatoria por un premio sino una puerta de entrada al escenario, y es un rasgo de formato que casi ninguna otra fiesta del país tiene. Esa lógica de intercambio llegó a institucionalizarse con otra fiesta neuquina: Junín de los Andes mandó veedores al Tremn Tahuen para elegir músicos y bailarines que después subieran al escenario de la Fiesta Nacional del Puestero.
El nombre es mapuche y significa "crecer unidos". Lo que celebra es el folklore patagónico en una ciudad que nació alrededor del petróleo, y esa combinación explica buena parte de su carácter: la construcción deliberada de una identidad folklórica propia en una localidad sin tradición rural.
Su apertura tiene un rito que pocas fiestas tienen: cada noche empieza con tres himnos, el nacional, el provincial y el del propio Tremn Tahuen. También se le rinde homenaje a los fundadores y creadores del encuentro, y llegó a desfilar el centro tradicionalista local. Las tres o cuatro noches se completan con ballets y compañías de danza, talleres de formación en varias disciplinas, un taller de adultos mayores integrado al programa y una rama infantil y juvenil estable, el Pichi Tremn Tahuen, que tiene su propia figura de revelación. El escenario llevó el nombre de su escenógrafo, el artista plástico que lo diseñó en los primeros años, y en una edición se recuperó un dibujo original suyo para incorporarlo al escenario vigente. La entrada es libre y gratuita.
Su serie arranca a fines de la década de 1980, lo que lo convierte en uno de los encuentros de mayor trayectoria de la Patagonia. Cambió de sede varias veces, del gimnasio municipal al centro cultural del parque de la ciudad, y por sus veinticinco años se mudó al estadio de un club.
Circula también como fiesta nacional, y antes de eso había sido declarado de interés municipal; llegó a presentarse en un centro cultural de Buenos Aires. Las preselecciones en dos provincias lo convierten, en la práctica, en un circuito regional más que en un evento local.
