Fiesta de la Avicultura
Crespo, Entre Ríos

La Fiesta Nacional de la Avicultura tiene un rasgo que no se repite en otras fiestas gastronómicas del país: su concurso más popular no premia a cocineros sino a instituciones. Para competir en el concurso de pollo al disco, las escuelas, clubes, comisiones vecinales y grupos de amigos de Crespo deben presentar un proyecto que explique en qué van a usar el premio, y el reglamento exige además que al menos tres de los ingredientes de cada receta se produzcan o se cultiven en la zona. El jurado puntúa la técnica, la higiene, la presentación y el sabor, pero también la ornamentación, la indumentaria y lo que las bases llaman espíritu de trabajo.
Esa lógica de reinversión atraviesa toda la fiesta. El superávit de la celebración se destina a obras en el predio ferial y a actividades del sector, y la maratón que funciona como su antesala deja la atención de las cantinas en manos de los clubes de la ciudad, que se quedan con los fondos para sus actividades deportivas. La fiesta es bienal, para no superponerse con la Expo Avícola de Buenos Aires, a la que concurren muchas de las mismas empresas.
El tema es la producción de aves para carne y huevo, y Crespo lo celebra porque es donde esa actividad se volvió industria. A fines del siglo XIX se asentaron en la zona unas cuarenta familias llegadas de la región del Volga que hicieron de la avicultura su sustento; Teodoro Kaehler se instaló en 1921 y en 1924 montó el criadero Standard, pionero en la incubación artificial de huevos de gallina. En las décadas siguientes, ex empleados de ese criadero fundaron sus propios criaderos y fábricas de alimento balanceado, y detrás aparecieron las metalúrgicas que hacían las jaulas y los tinglados. Hoy una ciudad de unos veinte mil habitantes reúne más de doscientas empresas del rubro.
La fiesta despliega esa cadena en el predio ferial: una exposición comercial del sector avícola con más de doscientos stands de empresas, productores, artesanos, emprendedores y organismos del Estado, charlas técnicas, talleres y cocina en vivo, un patio de comidas atendido por instituciones de la ciudad y un escenario mayor acompañado de otro para artistas locales y emergentes. Dos elementos la anclan en la identidad de Crespo: la noche de música alemana, por el origen de sus colonos, y el desfile tradicionalista a caballo, que la hace coincidir con el Día de la Tradición, el 10 de noviembre.
Su historia arranca antes de la fiesta propiamente dicha. En 1959 Crespo organizó el primer Festejo del Día de la Avicultura, y de los encuentros entre productores y empresarios salió la primera Fiesta Nacional, en 1964, con Juan Heinze como primer presidente de los festejos, Francisco Sagemüller y el poeta y director teatral Humberto Seri al frente de aquella edición. El propósito era mostrar el potencial económico de la producción avícola y de la ciudad. Ese mismo año participó el presidente Arturo Umberto Illia y nominó a Crespo Capital Nacional de la Avicultura, un título que la ciudad usa desde entonces.
La avicultura es una de las economías regionales de mayor peso en el empleo privado entrerriano, y la fiesta es el lugar donde ese sector se muestra a sí mismo y al resto del país. Es también una de las seis celebraciones del calendario germano-entrerriano de Crespo, que incluye fiestas de la cerveza, del teatro popular, de las colectividades y del pirok.
