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Fiestas Argentinas
Festival

Festival de Villa María

Villa María, Córdoba

Festival de Villa María, Villa María (Córdoba)

El emblema de este festival es una lechuza, y lo es por una decisión deliberada. El profesor José “Piquín” Lozita la eligió para esquivar la iconografía gaucha —la guitarra, el poncho, el caballo— porque Cosquín y Jesús María ya existían y había que diferenciarse, y porque la lechuza era el ave nocturna de la zona rural. La dibujó sobre el escenario del anfiteatro con un sistema de cuadrícula. Esa decisión de 1968 explica bastante de lo que el festival es.

Su otra mitad tampoco está en el escenario. El Recorrido Peñero son ocho cuadras de la avenida costanera, desde el centro hasta el anfiteatro, abiertas durante unas dos semanas con peñas folclóricas habilitadas, cuatro patios de comida, feria de artesanos y de emprendedores, food trucks y una carpa federal donde se promocionan fiestas de otras provincias. Es gratuito, y convoca más gente que el propio anfiteatro.

Nació como festival de folclore y hoy es, en sus propias palabras, un festival de festivales: cinco noches temáticas que reparten folclore, pop y música urbana, cuarteto, cumbia y tango, con figuras nacionales e internacionales en el cierre.

La primera edición fue en 1968 y la impulsó la comisión de turismo local. Como no había un lugar apto, un arquitecto de la ciudad, Aldo Invernizzi, ofreció su plano del anfiteatro: el festival nació junto con la obra, sobre un terreno que era un basural, con el movimiento de tierra hecho por un vecino con su tractor. La primera noche tuvo sillas de madera y de lata; al año siguiente ya había butacas. Dio pérdidas y el municipio no puso fondos: a la pachanga, decían entonces, la paga el que la hace.

Cambió de mes —nació en enero y se corrió a comienzos de febrero en los años noventa— y cambió de nombre su propio predio: el anfiteatro llevó durante años el nombre de Hernán Figueroa Reyes y hoy lleva el del arquitecto que lo diseñó.

La ciudad tiene además tres mosaicos en el piso que marcan sus hitos festivaleros: el lugar de la peña que dio origen al festival, el café donde se compuso una de las canciones emblema de la provincia y la casa del profesor que dibujó la lechuza.

Su escala es grande para una ciudad del interior: Villa María tiene mil seiscientas camas y en los días del festival se suman más de cien casas en alquiler, con llegada de público de un radio de hasta ciento cincuenta kilómetros, incluida la capital provincial. Una de sus ediciones tiene declaración de interés de la Cámara de Diputados de la Nación, bajo el nombre de Festival Nacional de Peñas.

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