Festival de Jesús María
Jesús María, Córdoba

El festival más grande del género en América es, en términos jurídicos, una kermés escolar que creció sesenta años. No lo organiza un municipio, ni un club, ni una productora: es de la Unión de Cooperadoras Escolares, una entidad sin fines de lucro que reúne hoy a veinte cooperadoras de Jesús María, Colonia Caroya y Colonia Vicente Agüero, con alrededor de quinientos cincuenta colaboradores voluntarios. Entre la mitad y el sesenta por ciento de la recaudación se reparte entre las escuelas por decisión de asamblea, en proporción a la cantidad de alumnos de cada una.
Su materia es la doma y las destrezas criollas, con el folclore y la danza nativa como complemento desde el primer día. La idea original fue justamente esa: hacer un festival distinto al de Cosquín, con doma además de canto.
Son diez noches de la primera mitad de enero. La jineteada se corre en tres palenques y tiene tres categorías regladas con duraciones distintas: crina limpia, donde el jinete se sujeta con una lonja al pescuezo y debe aguantar ocho segundos; gurupa sureña, sin estribos, sobre cuero de oveja y cinchón, doce segundos; y bastos con encimera, también doce, sin perder los estribos. El puntaje se reparte entre el jinete, el potro, la espuela y la elegancia. Compiten dos grupos: el nacional, con delegaciones de las provincias, y el internacional, con jinetes de Uruguay, Brasil, Chile y Paraguay. Los premios son en dinero y en objetos de tradición: rastras, muchas veces de plata con incrustaciones de oro, cuchillos, cintos de carpincho y medallas. El festival elige además a sus Waytas y Malens, que se forman en talleres previos, y a un Gaucho del Festival. En el predio funcionan la plazoleta, el Almacén, el Museo del Festival, el escenario Martín Fierro y el anfiteatro; en la ciudad, ferias, peñas y espectáculos.
Su origen tiene acta y motivo. El 16 de mayo de 1965 se reunió la cooperadora de la escuela 1er Teniente Morandini, que necesitaba fondos y a la que la venta de empanadas, pastelitos y rifas ya no alcanzaba. Enrique Jarbas Pereyra propuso organizar un festival de doma y se aprobó por unanimidad; José R. Castillo propuso invitar a las demás cooperadoras, y así se formó la Unión, con Juan Manuel Corrales como primer presidente. La primera edición se hizo del 8 al 16 de enero de 1966 en un baldío de dos manzanas conseguido en préstamo por un año, con un escenario circular de unos quince metros de diámetro y metro y medio de alto hecho con tablones y un telón blanco, y una pista cercada con alambre sobre postes prestados por la cooperativa de servicios. Los corrales estaban al oeste y los palenques al este, al revés que hoy. Las nueve noches se transmitieron por la radio de la Universidad de Córdoba. Tres meses después, la Unión repartió la primera recaudación entre nueve escuelas.
El hito más fuerte de su historia es de 1967: integrantes de la comisión hipotecaron sus casas para construir el anfiteatro. Ese predio, el José Hernández, tiene hoy capacidad para treinta y cinco mil personas. En 2017 el festival recibió la Marca País, y en 2016 fue encomendado a la Virgen de Luján y al Cura Brochero.
Su significado se mide en escuelas. Los fondos benefician hoy a unas veintidós instituciones y alrededor de diez mil alumnos de Jesús María, Colonia Caroya, Vicente Agüero y Sinsacate, y se destinan sobre todo a obras edilicias y a apoyo docente —psicología, psicopedagogía y materias especiales—, con el resto reinvertido en actividades sociales y en poner en pie la edición siguiente.
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