Festival del Humor y la Canción de Brinkmann
Brinkmann, Córdoba

El Festival del Humor y la Canción tiene su definición escrita en el nombre de su escenario mayor: se llama Escenario Luis Landriscina. En un festival folclórico argentino lo habitual es que el escenario principal lleve el nombre de un músico; acá lleva el de un contador de cuentos, y eso explica mejor que cualquier programa por qué el humor está en el nombre del festival y no es un número de relleno entre dos conjuntos.
El segundo rasgo propio es que tiene himno, con autor conocido, y que el himno se baila. La apertura oficial se hace con el himno del festival, creado por el Trío San Javier, interpretado en vivo y danzado por un ballet. Y el tercero es que el festival funciona como la caja de las instituciones del pueblo: durante años las entradas las vendieron siete cooperadoras escolares, que se quedaban con un porcentaje de cada una; hoy la entrada es libre y gratuita y son los bufés los que sostienen, entre otras cosas, a la comisión del hospital municipal. En el mismo escenario se hace también el sorteo final de la rifa de la ciudad, de modo que el festival cierra a la vez el calendario cultural y el financiero del municipio.
Lo que celebra son el humor y la canción populares en partes iguales, con eje folclórico, en una ciudad agrícola e industrial del noreste cordobés. El formato mantiene ese equilibrio de manera deliberada: le da importancia al humor y a la danza, y no sólo a los grupos folclóricos y musicales.
Eso se ve en cómo están repartidas las dos jornadas, que tienen identidad temática distinta. La primera es de folclore y humor, abre con una compañía de danzas y sigue con números folclóricos. La segunda es de variedad: cuarteto, cumbia, rock nacional e internacional, música de películas y tributos. El humor va en vivo en las dos, y se sumó además humor gráfico con un ilustrador trabajando en el predio. Alrededor funcionan una feria de artesanos y emprendedores, bufé, cantina y espacios de recreación. La sede está en el casco urbano: el predio del Ferrocarril.
Su historia tiene dos tramos: el festival se interrumpió en algún momento y después fue recuperado, y desde entonces viene ganando fuerza con cada edición. También cambió de régimen económico: fue pago hasta fines de la década de 2010 y desde entonces es gratuito.
Es el evento cultural de mayor convocatoria de Brinkmann, que tiene además fiestas patronales y una fiesta de colectividades. El dato de impacto más concreto es hotelero: los alojamientos de la zona se completan con más de dos semanas de anticipación, y el movimiento alcanza a restaurantes, comercios y estaciones de servicio.
